Las colas de gasolina son una oportunidad para el comercio informal. Basta con ver la actividad que hay en las estaciones de servicio para darse cuenta cómo, lo que es una tortura y una desgracia para algunos, se convierte en una oportunidad de oro para otros. Gente vendiendo tostones, chicha, donas, marquesas, arepas, café, raspados o almuerzos se ven en las kilométricas colas que se hacen para surtir combustible. La oportunidad de negocios no muere allí, pues aquellos que no tienen nada que vender ofrecen su presencia para cuidar carros.

Bejamine Carmona, hombre de 50 años que está sin trabajo desde hace más de un año, cuenta cómo, desde que empezaron las colas de gasolina él se la pasa cuidando carros. Allí cobra un dólar por día y sólo le pide a las personas que le lleven almuerzo. Comenta que por cola puede tener dos y hasta tres carros a su cuidado. Con eso gana mucho más que una persona que cobre sueldo mínimo.

«Si tengo tres carros a cuidado y duro diez días en la cola son 30 dólares que me gano en ese lapso de tiempo. Eso lo utilizo para comer y para ayudar a mis padres», comenta.

Las personas que venden alguna chuchería también han encontrado una oportunidad dorada para mostrar sus productos. Ante el fastidio que da esperar, muchas personas optan por comer algo dulce. Allí las chupetas, donas o marquesas entran en escena. Hay variedad de sabores en lo que se oferta, pues aquellos que prefieren algo más sano pueden comprar tostones.

«Es donde más se vende en estos momentos. A veces en un grupito de personas uno deja toda la mercancía. Lo que hay es que tener paciencia y ganas de caminar», es lo que dicen los vendedores.

Tan redondo ha resultado el negocio de las colas que, hasta los heladeros que estaban trabajando por el centro de la ciudad, han visto como es mucho más rentable llevar el carrito hasta las estaciones de servicio, pues allí es donde hay mayor venta.

«En estos momentos las calles están vacías. Salvo el centro de la ciudad, todo está muerto y el comercio informal siente este impacto. Es por eso que muchos se vienen para las colas a vender porque aquí hay gente», comentaba el señor Gregorio Virgüez, vendedor de raspado.

Dentro de las colas de gasolina no todo el mundo trabaja con comercio u ofreciendo servicios de vigilancia, pues los más vivos hacen colas de gasolina para vender los puestos en 20 o 30 dólares dependiendo de qué tan cerca estén.

«Hay que tener un cerro de plata para pasar la noche aquí», es lo que dicen los conductores cuando se les pregunta por la actividad comercial que hay en las estaciones de servicio. «A eso hay que sumarle lo que se le da a los bomberos», señalaban las personas entrevistadas.

Cortesía LA PRENSA DE LARA

 

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